Entre
diálogos Por Pablo M. Sarrión, profesor de
Filosofía
Comentarios
al curso de Formación y Profundización “Preguntar, Dialogar, Aprender. El Uso del Diálogo
en la Enseñanza”.
Tomás Miranda Alonso
Desde el día 2 al 7 de julio de 2007
se ha celebrado en la Facultad de Formación del Profesorado
de la Universidad Autónoma de Madrid el tradicional curso
de verano organizado por el Centro de Filosofía para Niños,
con la colaboración de la Consejería de Educación
de la Comunidad de Madrid.
Los profesores responsables del mismo han sido
Félix García
Moriyón, Angélica Sátiro
y yo mismo, Tomás Miranda.
En términos generales hay que
decir que el curso se ha desarrollado bien y ha respondido a los
objetivos que los organizadores del mismo tenían. Tanto Félix,
Angélica y yo, como Elena, la presidenta de la asociación,
que ha compartido buena parte del tiempo con nosotros, hemos quedado
altamente satisfechos del desarrollo del mismo y de la respuesta
de los asistentes. En cuanto a éstos hay que señalar
que las solicitudes de inscripción superaron el número
de plazas disponibles, teniendo que quedar alguna persona sin poder
ser admitida.
Han sido veintiséis participantes –inicialmente fueron
admitidos veintisiete, pero el segundo día se dio una persona
de baja-, provenientes de Galicia, Madrid,Aragón, Cataluña,
C. Valenciana, Castilla- La Mancha, Murcia, y una persona de México.
Como ya viene siendo habitual en estos cursos, el perfil de los asistentes
ha sido muy heterogéneo: seis profesoras de E. Infantil, cinco
maestras de E. Primaria, cuatro profesores de E. Secundaria, una
auxiliar técnico educativo, seis estudiantes... Siete personas
provenían de la especialidad de filosofía, y el resto
de otras disciplinas. Esta diversidad de asistentes dificulta que
todos queden plenamente satisfechos y vean cumplidas totalmente sus
expectativas, pero por otro lado, es fuente de enriquecimiento mutuo
y posibilita conocer modos de trabajar diferentes que pueden ser
interesantes en otros niveles educativos. Como suele suceder en este
tipo de cursos, no es fácil compaginar las expectativas de
aquellas personas que buscan mayor profundización teórica
con las que están más interesadas en la práctica
educativa, aplicada a su aula concreta y específica.
El contenido y la metodología del curso ha sido el tradicional,
el que casi todos vosotros conocéis. Ha habido sesiones teóricas
y prácticas de los tres profesores y luego todos los participantes
han tenido que dirigir una sesión, preparada previamente con
el tutor. Si se pudiera hablar de un eje y de una preocupación
central que haya atravesado todo el curso podríamos decir
que ha sido la de cómo conseguir una comunidad de investigación
que posibilite el diálogo filosófico y cuáles
son las características de éste. Tanto Félix
como yo y los estudiantes tutorizados por nosotros hemos utilizado
principalmente los propios materiales de Lipman, mientras que Angélica
ha trabajado con los del programa NORIA, destinados a E. Infantil
y E. Primaria. En el curso había profesoras que ya conocían
y pertenecían a la RED NORIA. La tarde del miércoles
Félix dirigió una sesión muy interesante en
el Museo Reina Sofía, y a continuación nos guió un
paseo por el Madrid de los Austrias. Después de hacer más
de una parada para hidratarnos –o tomar unas “birras”-,
acabamos un grupo cenando en la Plaza Mayor. Memorable también
la cena de final de curso que celebramos el viernes en el Restaurante
Domine Cabra. Estos espacios siempre posibilitan una comunicación
más distendida entre los asistentes al curso.
El comentario general en el momento de la evaluación
y de la despedida fue que había sido un curso muy intenso
que FpN era una propuesta educativa muy interesante para llevarla
a las aulas y que era necesario continuar la formación. Fueron
muchas las personas que manifestaron su decisión de seguir
en contacto con nosotros, con los grupos existentes en sus respectivas comunidades
de potenciar y revitalizar éstos, y de crear grupos nuevos
en donde fuera necesario.
Entre
diálogos
Por Pablo M. Sarrión, profesor de Filosofía
A
algunos les gusta decir que vivimos tiempos de monólogo:
monologan los humoristas, monologamos
cuando hablamos con nosotros mismos, monologamos cuando hablamos con los demás
sin la más mínima intención de escucharlos, o monologamos
cuando entramos en el aula dispuestos a
agasajar a nuestros alumnos con una dosis de erudición
que los fascine y les arranque el más mínimo
deseo de querer volver a oír la palabra
“filosofía” cuando acaben su formación
preuniversitaria.
Nos resulta demasiado complicado olvidarnos
por un momento de los clásicos, o nos
mostramos incapaces de considerarlos como poco
más que momias que deben ser observadas pero
con las que no vale la pena establecer ningún diálogo.
En realidad, somos capaces de hablar de la
fuerza del diálogo o pretender que la filosofía no
es más que el arte de hacer preguntas mientras nos
negamos nosotros mismos a replantearnos las
grandes o pequeñas cuestiones o a callar unos minutos
para escuchar aquello que ocupa al otro.
Cuando me acerqué, hace ya algunos años, al programa
de Lipman de la mano de Tomás Miranda,
comencé a pensar que quizá la filosofía valiera
la
pena de otro modo. Leer, pensar, mirar, dialogar,
volver a pensar... ¿De qué otro modo es posible
que aquello tan heideggeriano y tan biensonante
de “filosofía es filosofar” deje de ser poco
más que
una cantinela sin sentido? Si la filosofía pretende
ser enseñable como algo más que una “disciplina”,
como una actividad pertinente no para unos pocos,
parecía necesario aceptar que el programa de FpN
nos daba la pista de un nuevo modo de hacer las
cosas que se acercaba mucho más a la posibilidad
de que los niños aprendieran que pensar es una actividad
real y que nos obligaba a rastrear nuevas
posibilidades para conseguir que los alumnos
aprendieran a pensar no sólo más allá de sí mismos,
sino también más allá de lo pensado una y
mil veces.
Así, y puesto que conocía
de antemano el programa
de Lipman, me acerqué al curso del pasado
julio con la esperanza de compartir experiencias
con otros profesores y conocer otras posibilidades
de trabajo con textos literarios más allá de los
del
propio programa. Pero quizá mi acercamiento
daba por sentado que me encontraría con “más
de
lo mismo”, en tanto no se trataría sino de otras experiencias
centradas en las mismas ideas que mueven
mi propia práctica docente. Por ello, lo
realmente sorprendente y enriquecedor para mí
provino de lo heterogéneo de los participantes. En
lugar de tratarse de un aburrido encuentro de “especialistas”
en citar a los clásicos de la filosofía,
más o menos interesados en hacer las cosas de
otro modo, pude encontrarme con profesores de
educación infantil, maestros de primaria, y profesores
de secundaria de otras especialidades, así
como con estudiantes procedentes de estudios más
o menos vinculados con la filosofía y el pensamiento.
No sólo fue enormemente interesante y enriquecedor
conocer otras experiencias de aula con niños
de diferentes edades, o comprobar que el pensamiento
es algo más que diálogo y un poco más de
juego o de imaginación o incluso de manipulación,
sino que, además, nos dio la ocasión de recrear
nuestra propia actividad de diálogo con
personas ajenas a una tradición filosófica que, en
algunas ocasiones, reduce el diálogo a la cita o al
recurso a lo ya dicho.Aprender, también para nosotros,
exige un mínimo de asombro y que las situaciones
en que nos encontremos requieran que
descentremos nuestra propia manera de ver las
cosas. Si el diálogo tiene sentido como instrumento
de pensar es, en cualquier caso, gracias a
la diversidad de las voces que en él intervienen,
así como en la necesidad de que nuestra propia
voz se esfuerce por ser otra a la que ya era. Pensar
(filosofar) es quizá algo más que sentarse con un
libro delante de los ojos que nos impida mirar el mundo.
Filosofía para niños : proyecto educativo que busca formar personas críticas y creativas capaces de construir una sociedad democrática.