Reflexiones sobre
Valencia: El XIX Encuentro Internacional de Filosofía para
Niños,
organizado por la Asociación “Centro de Filosofía
para niños de la
Comunidad Valenciana”
UIMP del 1 al 3 de marzo
Por Juan Carlos Lago Bornstein
En primer lugar quisiera aclarar que las reflexiones
que a continuación
presento las he elaborado
a partir de mis propias vivencias en Valencia sazonadas con los
comentarios que algunos compañeros
y compañeras ya nos compartieron gracias a la lista de filoninos,
pero quede claro que el único
responsable o culpable es el que escribe, que agradece el consentimiento
tácito de los otros autores.
Dicho esto lo siguiente, obviamente, es agradecer a los compañeros
y compañeras de Valencia por
los maravillosos días que nos ofrecieron, días en
los que pudimos compartir encuentros, reencuentros,
debates, intercambio de ideas y muchas sugerencias y ánimos
para poder seguir en la brecha.
Como comenta en un mensaje Félix García “el
modelo de congreso ha sido bueno. Creo que los
valencianos, aparte de estar pendientes de todo con cariño,
han encontrado un buen modelo de trabajo,
continuando lo que ya se había hecho en anteriores ocasiones”,
opinión que creo que todos los
que allí estuvimos compartimos. En este mismo sentido, Mª del
Carmen Loureiro, insiste en que “como personas,
dignas y capaces, nos hemos sentido tratadas, acogidas, respetadas…con
todo el CUIDADO que es pilar básico de esta “minoría
profética” que diría Jesús Conill, autor
que nos
permitió disfrutar, con ocasión de la presentación
de su libro Ética Hermenéutica, de una interesante
charla de fin de primera jornada. Yo por mi parte, añadiría
que tanto el lugar elegido para el encuentro
como el clima metereológico (que ya sabemos el poder de
convocatoria que tiene Chema, que
hasta el Sol acudió en respuesta de sus plegarias) y humano
han sido geniales, los modelos que nos
han presentado ponencias y comunicaciones, algo así como
los mensajes y mensajeros, también han
sido de gran interés y calidad, brillado, por su ausencia,
la monotonía y el recurso a los grandes
popes que nos adoctrinan con sus discursos. En este sentido, creo
que la presentación de Emilio
Martínez Navarro, sobre Educar en la solidaridad, fue un
modelo de conferencia inaugural atípico y,
por eso mismo, coherente con lo que venimos defendiendo y trabajando.
Además fue un modo perfecto de introducir y dar la tónica
tanto del contenido como de los objetivos
que se marcaban los organizadores del Encuentro.
Así estos nos dicen que lo que pretendían era plantear “una
serie de cuestiones recurrentes, que en
estos momentos están de plena actualidad: ¿qué entendemos
por educar en valores? ¿Cómo se
puede interpretar la polémica noción de ciudadanía?
Desde la reflexión filosófica, especialmente
desde la reflexión ética y, sobre todo, desde la
experiencia concreta en las aulas, se analizarán y se
ofrecerán diversas propuestas viables de educar en valores
como base de una noción de ciudadanía
justa, abierta y plural. Entre otros, también se tratarán
temas complementarios como la educación
de los sentimientos, la resolución de conflictos, la interculturalidad,
el aprendizaje deliberativo o las
nuevas tecnologías al servicio de la educación, así como
la utilización del arte, el cine, la música, el
teatro o la literatura como procedimientos didácticos para
educar en valores.”
La pregunta evidente es, ¿Se lograron estos objetivos? ¿Conseguimos
reflexionar sobre estos temas
y cuestiones? ¿Logramos pensar y repensar en comunidad sobre
cuestiones tan arduas y complejas?
Preguntas que Félix García se hacía y se respondía
de la siguiente manera “¿Se hizo diálogo filosófico
en las sesiones? No siempre, casi me atrevo a decir que menos del
debido. ¿Hubo comunidad de
investigación en las sesiones? No en todas, casi me atrevo
a decir que menos de las debidas.” Opinión
con la que coincido en parte, pues yo creo que faltó un
poco más de tiempo para poder reflexionar
sobre las posibles vinculaciones y aportaciones mutuas (siguiendo
la línea del apoyo
mutuo, que no “solidaridad” que discutimos en la sesión
inicial de Emilio) entre el proyecto de FpN
y las propuestas que nos estaban ofreciendo. Me hubiera podido
comentar más y mejor el cómo
poder integrar los modelos y las estrategias de resolución
de conflictos, de mediación, de trabajar
los sentimientos y lo artístico, los cuentos, etc.
Con los planteamientos básicos y generales de FpN. Y también
falto tiempo, pero me temo que
esto siempre ocurrirá en cualquier encuentro, lo planteemos
como lo planteemos, para poder profundizar
sobre los temas presentados y para explorar y dialogar con tranquilidad
sobre que
entendemos por ciudadanía y su educación, o sobre
la educación cívica, si es o no lo mismo, o
sobre educar en valores y si esto es posible o no, ni tan siquiera
si es deseable que la escuela sea
quien se ocupe de esto.
A este respecto, me sumo a las críticas, siempre con intención
de auto-corregirnos y mejorar, que
presenta Félix acerca de lo que echó en falta en
el Encuentro:
El modelo organizativo me ha parecido bien, pero
podemos introducir algunas mejoras. “Quizá la más
importante, desde mi punto de vista, es la de
hacer más coherentes las presentaciones con lo que plantea
el programa que defendemos. Es
decir, dado que el medio es el mensaje, algunas veces el medio
no coincidió con el mensaje. Me
refiero a dos cuestiones:
* estuve en sesiones en las que se presentaron
propuestas valiosas, como la mediación, pero no se
logró establecer ninguna relación entro lo que allí se
decía y el diálogo filosófico y la comunidad
de
investigación que nos caracterizan.
* estuve en sesiones en las que la presentación fue muy
poco participativa. Por ejemplo, asistí a una
sesión (…) El trabajo que presentaba la profesora,
joven, entusiasta y capaz, parecía ser excelente (es
más, valorando lo que dijo y expuso, sin duda es excelente),
pero la presentación tuvo problemas.
Habló casi sin parar a toda velocidad durante más
de 50 minutos. Supongo que quería contarlo todo,
pero al final no hizo con nosotros lo que hace con sus alumnos.
También es importante sentar criterios específicos
para las presentaciones. Los valencianos lo hicieron,
pero no todo el mundo les hizo caso.”
Pero de cualquier forma, aunque el tiempo se nos quedó corto
los participantes respetaron las indicaciones
de los organizadores del Encuentro, sin duda el trabajo fue fructífero
y el tiempo fue bien aprovechado. En este sentido, me gustaría
retomar
unas palabras de Mª del Carmen Loureiro que reafirman los
comentarios que vengo haciendo:
“Creo que sí, hemos
pensado en grupo, quizás no
con la morosidad y la calma que pide un razonamiento bien fundado
en la lógica y las buenas razones,
pero lo bastante como para “dar que pensar” durante
una buena temporada. Puede parecer
que en todos los encuentros acabamos sacrificando la calidad del
diálogo a la cantidad de
las ideas. Es posible que todavía tengamos que seguir ensayando
fórmulas hasta llegar al deseado
equilibrio, lo que sí parece “claro y distinto” es
que se trata de una responsabilidad de todos/as los
que formamos esta tentativa de Comunidad de Investigación
y no de los organizadores que se encargan
cada año de la ardua tarea de armonizar los tiempos y los
espacios con nuestra arrolladora necesidad
de comunicar. (…). Ciudadanía y Valores fueron los
ejes temáticos alrededor de los cuales
orbitaban tanto las ponencias como las comunicaciones y talleres.
Lamentablemente, de nuevo, no
hubo tiempo para establecer “los parecidos de familia” y
las relaciones que hiciesen visible la coherencia
de las partes con el todo. (…) Hemos subido los peldaños
de la escalera de Kohlberg siguiendo la clarificación conceptual
sobre “Solidaridad”
(Emilio); “egoísmo” y “apoyo mutuo” (Juan
Carlos Lago). El que procura el bien propio sin descuidar el bien
ajeno… ¿Es buena persona?
(J.M.G.Barrientos) ¿Un buen ciudadano/a es siempre una buena
persona? Y ¿Una buena persona
es siempre un buen ciudadano? (Ángel Casado y Juana S. Gey).
(…) Seguramente nuestras virtudes como ciudadanos/as habrán
seguido fortaleciéndose
con este encuentro, pero estamos seguros de que para que las virtudes
se conviertan en hábitos precisan ser reiteradas, así que
frotamos
nuestra lámpara particular para pedir un deseo; que el próximo
año podamos encontrarnos
de nuevo para seguir pensando juntos/as”.
Pero no sólo fue un buen encuentro porque en el pudiésemos,
aunque con las limitaciones indicadas,
pensar, dialogar y debatir sobre temas de gran interés y
actualidad, sino que, asimismo, supuso
la posibilidad de reafirmar nuestra vitalidad y nuestro compromiso
con un proyecto y un estilo
educativo que, pese a los malos vientos que corren con respecto
a la renovación pedagógica y los movimientos
a favor de una educación crítica, creativa y filosófica,
sigue dando “guerra” y tiene la voluntad de dar mucha
más. En este sentido Félix
García comenta que “el encuentro continuó el
estilo de los dos anteriores y mostró que gozamos de buena
salud. Serían muchas las observaciones
que podría hacer, empezando por la cena del último
día o las dos mascletás (estas en tiempo libre),
pero me voy a fijar solo en aquellas que me han llamado más
la atención. Se está incorporando gente joven, lo
que hará posible que algunas viejas
glorias (más viejas que glorias), pasemos a segundo plano”,
a lo cual yo añadiría que, además de las viejas
glorias, que no nos hemos pasado demasiado apelando a nuestra “supuesta
autoridad”,
han estado presente y presentando, jóvenes con propuestas
muy sugerentes y nuevas líneas de trabajo que pueden aportar
savia fresca al viejo árbol. Así Félix precisa
que “Filosofía para Niños
goza de buena salud en más sitios de los que pensaba.
Me alegró ver de nuevo a los de Aragón, a quienes
había perdido la pista, y comprobar que Andalucía
sigue en proceso de reanimación, así como la casi
segura recuperación del grupo de Murcia. Eso es bueno”.
En este sentido yo creo que el clima del que hablaba al principio
se ha beneficiado altamente de estos momentos, no sólo
de reencuentro con los compañeros y compañeras de
años de aventuras, sino de encuentro y descubrimiento de
nueva gente, algunos de los cuales ya nos conocíamos o nos
habíamos leído (gracias a la maravilla de Filoninos)
y de otros a los que espero podamos volver a ver, oír o
leer. Todo ello
ha generado un estado emocional realmente maravilloso y placentero.
Pero también hemos vivido momentos de intenso dolor y recuerdo
de amigos y amigas ausentes. Como nos recuerda Mª del Carmen
Loureiro “un hecho doloroso para todos, la reciente muerte
de Gertru, ha pesado sobre nuestro ánimo y nos ha hecho
compartir con Cayetano momentos de tristeza y dulzura porque nadie
muere del todo mientras alguien acuna su recuerdo con tanto amor”.
En definitiva, y como se pregunta Félix García “¿Me
mereció personalmente la pena asistir al encuentro?
Globalmente, sin duda.”
Por ello, desde estas páginas quisiera agradecer al Grupo
de Valencia la posibilidad mágica de reencuentro (tal vez
deberíamos cambiar los títulos y en vez de llamarlos “Encuentros
Internacionales” llamarlos “Reencuentros Internacionales” ¿no?)
y de profundización en un proyecto que va más allá de
lo profesional, un proyecto vital (y no es extraño que nos
liáramos tanto a hablar de la relación entre la razón
y los sentimientos, pues en el fondo eso es lo vital, ¿no?)
que para muchos y muchas sigue siendo merecedor de todo nuestro
esfuerzo y dedicación. |