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Comentarios al XVIII Encuentro Internacional de Filosofía para Niños y Niñas de San Lorenzo del Escorial 2006

La casa (in) común o los sentidos diversos de la comunidad. A propósito de un encuentro internacionalde Filosofía para Niñ@s

Por Walter Omar Kohan

Esta breve nota se propone pensar sobre un encuentro de personas reunidas en torno de la filosofía para niñ@s. ¿Qué es filosofía para niñ@s? Hoy por hoy algo bastante complejo. Un modo simple de responder esta pregunta es diciendo que se trata de un programa de educación para desarrollar el pensamiento de los niñ@s. El mentor de este programa fue un filósofo nacido en los Estados Unidos, Matthew Lipman, quien a finales de los años 60 comenzó a hacer experiencias con textos para aproximar a l@s niñ@s las ideas y las prácticas de pensamiento que la filosofía ofrece en su historia. El punto es que la cosa fue creciendo y haciéndose más refinada. Otras personas se interesaron y comenzaron a expandir la idea y las prácticas. Actualmente podríamos decir que filosofía para niñ@s es un complejo movimiento donde trabajan personas que buscan aproximar desde diversos paradigmas, de modos también distintos y con sentidos aún más encontrados la filosofía y la infancia. Por una parte, hay un programa oficial de Lipman, traducido a muchos idiomas, con un complejo dispositivo para llevarlo a las escuelas y otros espacios y, por la otra, unas cuantas personas y grupos trabajando sobre bases teóricas y metodológicas diferentes en el campo común del encuentro entre filosofía e infancia. El caso es que entre el 23 y el 26 de marzo de este año se juntaron en El Escorial, cerca de Madrid, en un encuentro internacional de Filosofía para Niñ@s organizado por el Centro de Filosofía para Niñ@s de España, unas cuantas de esas personas que trabajan sobre bases distintas. Y el resultado da que pensar. De eso queremos tratar en esta nota: de lo que nos ha dado a pensar ese encuentro, de lo que ese encuentro puede dar a pensar. El Encuentro tuvo muchos de esos detalles que suelen distinguir a buena parte de quienes trabajamosen filosofía para niñ@s y que se resumen en un clima de trabajo que favorece y propicia un cierto cuidado por el otro, el que está al lado, y muchas veces no sabemos quién es. Tuve la suerte de ser, junto a Ann Sharp y Oscar Brenifier, uno delos tres invitados especiales del Evento. Agradezco mucho a los organizadores por ello. Había allí muchas otras personas que podrían haberlo sido (¡Casi todas, en verdad!), pero tal vez por la excentricidad de mi procedencia latinoamericana, ayudada por el hecho de que en esa época estaba próximo de España, me tocó ese privilegio. Tuvimos entonces un lugar especial, Ann, Oscar y yo en un espacio no menos especial: cada uno de nosotros ofreció una conferencia y un taller, que repetimos un par de veces para que más personas pudieran participar de ellos. Como los talleres eran simultáneos, cada uno de nosotros no podía estar en el taller de los otros, pero sí en esos plenarios que, en el caso de Ann, fue una de sus charlas más o menos clásicas ya en nuestro ámbito sobre los sentidos éticos de llevar la filosofía a los niñ@s y, en el caso de Oscar, un café filosófico. Aunque no estuve en los otros talleres, seguramente han sido bastante diferentes, sobre el suelo común que también habitamos. Conozco a Ann de bastantes años y he tenido la suerte, recientemente, de acompañar algunas actividades de formación docente de Oscar en París. Agradezco mucho a Ann el papel que tuvo en Argentina, Brasily otros países de nuestra región para divulgar la filosofía para niñ@s. Ha sido una viajera incansable y generosa; de gran sensibilidad pedagógica, ha resultado sumamente inspiradora para mucha gente entre nosotros. Sospecho que, con diferencias de matices, nuestros talleres no hayan sido tan diferentes porque creo que nuestras diferencias más importantes al tratarse de filosofía para niñ@s no dicen respecto a los cómo lo hacemos sino, sobre todo, a los para qué trabajamos. Y aunque ciertamente los para qué siempre repercuten sobre los cómo, es probable que esas repercusiones sean poco notadas en un espacio tan limitado como un taller de noventa minutos. De todas maneras, también allí habrá habido varios matices. Por ejemplo, no trabajo según la lógica de novelas y manuales (de Lipman o de cualquier otro) ni otorgo excesiva importancia al “desarrollo de habilidades” en la práctica de la filosofía. Pero ciertamente comparto ese esfuerzo en propiciar una relación más íntima e intensa con el pensamiento, y en particular con la problematización de lo que pensamos, junto con la valorización de la escucha y la palabra atenta entre los participantes del diálogo.
Con Oscar las diferencias tal vez saltan más a la vista por el estilo de cada uno y por la importancia casi principal que Oscar otorga a la lógica internadel proceso de argumentación y razonamiento y por algunos presupuestos sobre qué es la filosofía y aun sobre cuestiones filosóficas puntuales, como la verdad, el diálogo y el propio pensamiento que, a mi modo de ver, influyen decisivamente en la dinámica de las actividades desarrolladas. Por ejemplo, Oscar tiene una concepción muy definida sobre la verdad a tal punto que uno de los enemigos principales de la filosofía es lo que llama el “relativismo”. Esta concepción se trasluce en una práctica en la que no permite el uso de expresiones tales como “depende de…”, o “según tal o cual aspecto…”, o “en mi opinión…”, lo que genera constricciones que, tomadas levemente, permiten un juego divertido aunque parcial del pensamiento o, tomadas más seriamente, directamente imposibilitan que cualquier ejercicio filosófico tenga lugar. Al fin, se trata de algo semejante a lo que pasa con un Sócrates muy reivindicado como figura modelar por Oscar. Pensemos si no en los interlocutores de los diálogos de Platón quienes, ante la obstinación, la insistencia de Sócrates – y por qué no decirlo también, su insensibilidad para no escuchar lo que no quiere escuchar- para que respondan de determinada manera sus preguntas, se dejan llevar dócil y plácidamente, como Lisis o Cármides, o explotan derabia como Trasímaco y Calicles o simplemente salen corriendo, como Eutifrón. Es sugerente notar que generalmente son los más jóvenes quienes tienen más paciencia a Sócrates y más viejos quiénes se le resisten más. Tal vez por eso, es posible que Oscar genere más sonrisas y docilidad entre los niñ@s que entre sus maestros, más preocupados estos en no experimentar la violencia y el ridículo al que están expuestos bajo esta concepción de la filosofía.
En todo caso, la presencia de Oscar me resulta extremamente vital y revitalizadora para este encuentro en particular y para el movimiento de filosofía para niñ@s de manera más general por el modo en que, al contraponer más claramente una concepción de la propia imagen del pensamiento que es afirmada a cada vez. Con esto quiero decir que una de las cosas menos interesantes que le podría pasar a un movimiento como el de filosofía para niñ@s es que sus miembros lleguen un buen día a decir cosas tales como “bueno, ahora sí ya tenemos clara la idea de filosofía que debemos defender y divulgar” o “estos pueden filosofar y estos no lo pueden hacer” o “estos otros no hacen filosofía tan bien como nosotros la hacemos”. El día en que filosofía para niñ@s consagre una imagen de la filosofía legítima para hacerla con niñ@s y excluya todas las otras que no se ajusten a ella habrá sentenciado su propia muerte como movimiento filosófico. Además de estos invitados, participarondel encuentro un número importante depersonas que hacen un esfuerzo visible por encontrarsu propio camino en la filosofía para niñ@sde casi todas las regiones de España. No voy a detallaresas presencias, pero es notable el carácterinspirador que filosofía para niñ@s ejerce paramuchos educadores que no tienen una relación demasiadotécnica o específica con la filosofía y, talvez por ello, pueden disfrutar de una relación máslibre con ella. Aun tuvimos el privilegio de escuchara alguien como Ángel Gabilondo que, aun sintener mucho que ver con la filosofía para niñ@s,nos lisonjeó con su modo infantil y filosófico depensar la educación. Y hubo también la presentaciónde varios libros, CD’s y publicaciones en varios formatos. En suma, una fiesta.
Pero como decíamos al comienzo, una fiesta queda a pensar. Es que creo que hay en este movimientoalgunas cuestiones principales, decisivas,sobre las cuales nunca será suficiente lo que pensemos.También por eso es una suerte que almenos tengamos espacios como El Escorial, paranotar cuan importante es darles una cierta atencióny cuidado a esas cuestiones. Como hemos sugeridomás arriba, algunas de ellas tienen que ver con la propia filosofía, a la imagen que de ella tenemos, a los dispositivos en los que la hacemos entrar, al sentido por el que decimos que es tan importante aproximarla a la infancia. Otras tienen que ver con la propia infancia. Tal vez por tratarse de asuntos menos evidentes voy a escribir algunas palabras sobre ellas.
Solemos tener una imagen exageradamente limitada y sabida de la infancia, aun en filosofía para niñ@s. Le damos un tiempo cronológico, la situamos en una etapa del desarrollo, la localizamos en ciertas instituciones que la ayudarán a madurar. Más aún, disponemos a la filosofía para que contribuya con el dispositivo escolar. Para eso estudiamos la infancia: para conocerla, saberla, pensarla y en última instancia, formarla con la ayuda de las palabras mágicas de nuestra época: ciudadano democrático; habitante responsable de una ética planetaria; ser tolerante de la diferencia...En fin, las palabras pueden cambiar, el lector dispongalas que más le agraden, la posición de la infancia en relación con la infancia no cambiará demasiado: será el objeto de nuestra pretensión formadora; lo que queremos formar para ser de otra manera y para habitar otro mundo del que habitamos. Quiero decir que estos sentidos pueden ser muy nobles pero tal vez también puede resultar interesante abrir esa imagen de la infancia a otras, diferentes, extranjeras que nos ayuden a nunca fijarnos demasiado en una imagen establecida, acabada, determinada y, sobre todo, nos ayuden a poner en cuestión nuestra relación con la infancia, paradójicamente tan sabida y tan establecida en un movimiento que dice querer filosofar con ella, como filosofía para niñ@s.
El caso es que tal vez valga la pena pensar la infancia más allá de esa falta castradora marcada por la etimología de in-fans y que anuncia la falta de lo que no podría faltar: la del lenguaje y con él la de todo el mundo que el lenguaje, el lógos, abre, el mundo de la comunidad y la política. Quizá otra relación con la infancia nos permita aprender a habitar otra comunidad y a pensar y practicar otra política; aprender a inventar, a inventarnos. Inventarnos en un mundo en que podamos escuchar lo que hoy no escuchamos, pensar lo que ahora no pensamos, vivir lo que en este momento no vivimos. Es que justamente la infancia habla una lengua que no escuchamos. La infancia pronuncia una palabra que no entendemos. La infancia piensa un pensamiento que no pensamos. Tal vez la filosofía pueda ayudarnos ya no o por lo menos no tanto aformar a la infancia sino a dar un espacio en que tenga también lugar esa lengua, esa palabra, ese pensamiento que hoy no atendemos ni entendemos; quien sabe la filosofía puede ser una oportunidad no sólo de dar un lugar digno, primordial y apasionado a esa palabra infantil sino también devolvernos un poco más infantiles, en el sentido de hacernos cargo de una extranjeridad que siempre situamos en los otros, para poder alguna vez salir un poco de “nuestro” cómodo lugar. Esa parece ser la fuerza de la infancia y su encuentro con la filosofía: la de una nueva lengua, de un nuevo, otro, lugar para ser y para pensar.
Con la infancia sucede lo que con otros territorios que poblamos de negatividades: el insensato, el extranjero, el ignorante, el que no tiene sentido común, el que no habla nuestra lengua, el que no sabe. Sin embargo, suspender el sentido dominante, hablar otra lengua, dejar de saber lo ya sabido pueden ayudar a aprender nuevas palabras, apensar nuevos pensamientos. La insensatez, la extranjeridad, la ignorancia, como la infancia, pueden ser no sólo o no tanto un límite sino una fuerza, una potencia, algo que moviliza y provoca cambios, en sí mismo y en el otro, una capacidad que piensa y da a pensar, esto también es la infancia, una experiencia permanente de aprendizaje.
Al fin, un encuentro como el del Escorial nos ayuda a pensar algunas preguntas en nuestra pretensiónde filosofar con l@s niñ@s ¿Cómo nos relacionamos con el otro-infantil? ¿De qué manera nos paramos frente al extranjero-infantil? ¿Qué sabemos?¿Qué podemos? ¿Qué saberes y poderes dejamos entrar y hacemos circular? ¿Qué preguntas hacemos, nos hacemos, dejamos hacer, dejamos hacernos? ¿Qué preguntas preguntamos y (nos) dejamos preguntar?
Hay una sospecha que anda por ahí, entre los de afuera, pero también entre nosotros, algunos de“adentro” que enciende una luz de alerta en la filosofía para niñ@s, una sospecha que dice que preguntamos preguntas que no interrogan, que no nos interrogan; que preguntamos lo que sabemos y lo que no sabemos no lo preguntamos ni dejamos preguntarlo; que preguntamos, sin preguntar, porque sabemos o creemos saber, para escuchar la única respuesta que confirma nuestro saber, que nos deja bien parados en esa tierra aparentemente firme de lo que creemos saber, para escuchar una única respuesta que nos conforma, que ya sabíamos antes de lanzar la pregunta. Preguntamos al otro, extranjero, infantil, para escucharnos a nosotros mismos y, si no, no escuchamos nada. Preguntamos al extranjero-infantil a la manera de una evaluación escolar: para verificar si el otro sabe y piensa como nosotros, para consolidar que aprendió nuestros saberes y, en última instancia, para mostrarle todo lo que podemos si no sabe lo que hay que saber. Preguntamos como en una prueba de la escuela, sin preguntar de veras. Del mismo modo que miramos sin mirar, pensamos sin pensar y vivimos sin vivir.
Encuentros como el de El Escorial pueden ayudarnos a recuperar otra relación con las preguntas y el preguntar; pueden ayudarnos a vernos de frente con esos infantes extranjeros, espejos quenos reflejan y nos abren a un ejercicio de extranjeridad, que nos permite habitar otras tierras filosóficas de las que estamos acostumbrados a habitar, a ser otros maestros de los que estamos habituados a ser, y, sobre todo, nos ayudan a disponer otros lugares para la infancia extranjera que tenemos enfrente para educar. ¿Para qué filosofía para niñ@s? ¿Para qué? ¿Para qué filosofía? ¿Para qué la infancia? ¿Para qué? Repetimos la pregunta infantilmente, sin parar. Encuentros como el de El Escorial pueden ayudarnos a encontrar la fuerza y el coraje que necesitamos para seguir preguntándonos si acaso no deberíamos darno sólo una educación a la infancia, sino, sobre todo una infancia a la educación, un nuevo inicio, una nueva tierra, un nuevo pensamiento e, inclusive, a un movimiento educacional como filosofía para niñ@s.

La “Casa Común” de la Filosofía para Niños: una visión desde el interior.

Por Juan Carlos Lago Bornstein

En la reflexión anterior, Walter O. Kohan nos hapresentado su visión del encuentro que realizamos en el Escorial y de cómo ve él la situación de Filosofía para Niños en el momento actual. Ha sido una visión, digamos, desde el exterior, la comprensión del momento y del acontecimiento desde la vivencia de un invitado a esta casa común de Filosofía para Niños en España. Bien es cierto que es un invitado muy querido y muy conocido por algunos de los que formamos parte de esta comunidad española. Un invitado con gran experiencia de trabajo y formación en el ámbito de la filosofía con o para niños.
Tomo ahora yo el relevo y continúo estás reflexiones pero ya desde dentro, o al menos, desde una posición más interior. No hay que olvidar que, aunque en algunos años mi presencia en las actividadesdel Centro de Filosofía para Niños de España han sido más bien escasa y esporádica, nunca he dejado de estar presente y de seguir los acontecimientosy avatares por los que hemos ido pasando. Además, dado que mi ausencia no era del proyecto general de Filosofía para Niños, sino que ha estado motivado por mi actividad dentro del mismo en Bolivia y México, creo que esta situación me permite ampliar mis miras a la hora de reflexionar sobre la situación actual de nuestro proyecto y de nuestra “Casa común”. Por otra parte, como secretario actual del propio Centro he tenido el gusto y el honor de colaborar y de apoyar al comité organizador del encuentro, lo cual me da una buena perspectiva en cuanto a si se han cumplido los objetivos que nos marcamos y si las expectativas que teníamos se han visto en mayor o menor medida satisfechas por lo acontecido en este encuentro.
En primer lugar quiero expresar mi satisfacción por el resultado del encuentro. Creo que sería un ejercicio de falsa modestia no reconocer que, en general, han sido unos días donde la mayoría de la gente ha disfrutado y ha tenido la oportunidad de reencontrarse no sólo con amigos y amigas, con colegas de aventuras y de proyectos, sino también de hacer nuevos amigos y amigas y de conocer nuevos proyectos con los que ir enriqueciendo su trabajo y la propia actividad investigadora y docente. Que duda cabe que este fue uno de los objetivos que nos propusimos: mostrar que, aunque aparentemente estamos viviendo una época de cierta apatía y falta de energías (que no sólo nos afecta en particular a los que trabajamos en Filosofía para Niños, sino que en general atañe a todos los movimientos de renovación pedagógica y yo diría de renovación social), la realidad es que, cada grupo por su lado, está realizando una interesante labor no sólo de difusión del proyecto, sino, lo que es más importante, de investigación de nuevas líneas y nuevos materiales y recursos. Mencionar aquí a todos y cada uno de ellos ocuparía todo el espacio que tengo para mis reflexiones, pero como botón de muestra, mencionar los trabajos del grupo de Valencia o los de Cataluña o los de Asturias, con las líneas de trabajo del cine, la ecología, la literatura infantil, etc. O, en el ámbito de la producción teórica, los recién salidos libros de Félix García Moriyón y el mío mismo.
Todo ello nos muestra que seguimos bien en activo y que el problema, fundamentalmente, es la falta de canales de comunicación y participación. O, dicho de otro modo, la necesidad de vernos más y de intercambiar nuestras experiencias y nuestros proyectos. De ahí, que considere que una parte importante de lo que nos habíamos propuesto se logró. Máxime cuando el gran objetivo que nos planteamos no sólo era el de recuperar el contacto entre las distintas gentes que trabajamos en el ámbito de Filosofía para Niños, sino el de recuperar el estilo propio de Filosofía para Niños, el revitalizar la Comunidad de Investigación en nuestra “casa común”. Han sido tres días de encuentro, intercambio de experiencias y de dialogo e investigación en común acerca de los modos de hacer de filosofía para y con Niños, entre todos logramos que la mayor parte del tiempo se fuera reconstruyendo cierta Comunidad de investigación entre los y las participantes. La tarea ahora es continuar en ese intento, en ese camino, mantener el contacto y prolongar los encuentros e intercambios. Por otro lado, aunque es verdad que hubo algunos despistes organizativos, en general el funcionamiento no fue malo y la gente expresó su satisfacción por el desarrollo del encuentro. Es cierto que era muy ajustado y agotador, pero también es verdad que la vitalidad de la que antes hablaba tiene como contrapartida una riqueza ampliade producción y elaboración de materiales para compartir. Esto nos obligo a forzar el tiempo, a ser“rígidos” en cuanto a los horarios, y a actuar algo“autoritarios” en cuanto al respeto de las tareas yactividades. Esto, aparentemente podría parecer contrario al estilo y modo de hacer de Filosofía para Niños, ¿verdad? Algunos podrían pensar que hubo demasiada “directividad” y que a veces la gente hubiera preferido tener más tiempo libre o prolongar una actividad que se estaba disfrutando. Es verdad, eso ocurrió, ocurrió como nos suele ocurrir en clase, cuando estamos en una sesión con nuestros alumnos y alumnas. Y la tarea nuestra no es dejarnos llevar, sino conducir la discusión, o, en este caso, el encuentro. Yo siempre digo que el papel del facilitador es como la de un conductor de autobús turístico que conduce al grupo en su autobús a los sitios a donde los miembros de éste quieran ir, que debe ofrecerles posibilidades de lugares que visitar y rutas turísticas que seguir.
Ahora bien, el buen conductor turístico no decide qué visitar y qué ruta seguir, sino que simplemente las propone y que decida el grupo según sus intereses. Además, como buen conductor debe conducir correctamente, es decir, respetando las reglas y las normas de la carretera y la conducción. Igualmente, en una Comunidad de Investigación, el facilitador debe facilitar tanto un repertorio de temas o textos como debe garantizar una correcta conducción del dialogo, la argumentación y la reflexión, pero no debe imponer ni los temas ni el camino que debe seguir el dialogo. Es cierto que debe de avisar de las consecuencias de tomar un rumbo u otro y debe tener siempre presente los caminos que se toman y a dónde conducen. Pues bien, creo que, en cierto sentido, ese fue el espíritu que imperó en nuestra actuación como coordinadores del encuentro. Fuimos conductores, garantizamos el respeto a las reglas del encuentro, pero siempre se dio, o al menos, se intentó dar la libertadal grupo para decidir lo que más le interesaba y cómo llegar a ello. Y pienso que en gran medida se funcionó así, logrando con ello que todos nos sintiéramos más involucrados y comprometidos, más interesados y enriquecidos. Ahora bien, como se pregunta Walter O. Kohan, la cuestión fundamental para poder evaluar el logro final de este encuentro es si fue útil para poder reflexionar sobre el sentido actual del proyecto de Filosofía para Niños. Sin insistir en lo dicho por Walter O. Kohan o por lo que acabo de comentar, creo que en términos generales los días del encuentro si que nos sirvieron para repensar el sentido de nuestro proyecto y entrever líneas futuras de investigación y de trabajo. Creo que la mayoría de las propuestas que pudimos reconocer y conocer con mayor o menos profundidad nos permiten renovar nuestras ilusiones y plantearnos nuestra actividad con mayor energía y voluntad de trabajo. Esta claro que no nos limitamos a repetir y reproducir un modelo ya dado, sino que, coherentemente con la propia filosofía de Filosofía para Niños, nos movemos en una dirección o direcciones abiertas, creativas, con propuestas originales y enriquecedoras, propuestas que cada uno puede seguir explorando y enriqueciendo.
También es cierto que no todo lo que se presentó o vivimos esos días coincide con lo que, al menos yo, considero que es coherente con esa filosofía fundamental del proyecto de Filosofía para Niños. Para muchos de los que estuvimos allí parece evidente que la propuesta de Oscar Brenifier, por muy interesante que pueda ser, no entra dentro de lo que podríamos llamar el proyecto de Filosofía para Niños. No creo que esto sorprenda mucho y menos para aquellos que estuvieron presentes en la sesión del café filosófico. Sin insistir mucho más en el tema y adhiriéndome a los comentarios que realiza Walter O. Kohan, sin embargo hay un comentario que sí que me gustaría presentar. Y creo que es importante tenerlo presente sobre todo porque sí que percibí en algunas de las personas que asistieron al encuentro, y que estaban empezando a conocer el proyecto de Filosofía para Niños, una cierta admiración y valoración del planteamiento de Oscar Brenifier, lo cual es muy respetable; pero como un modelo coherente con los planteamientos de Filosofía para Niños, ya no me parece tan admisible. Y no creo que lo sea porque, más allá de su insistencia en los aspectos procedimentales o en el uso de la lógica o en sucarácter directivo, su concepción de la “comunidadde investigación” se encuentra en las antípodas de la concepción de la comunidad de investigación en la que yo pienso y, creo, que piensa Ann M. Sharp o Matthew Lipman. No voy aquí a desarrollar la noción de Comunidad de Investigación ni la del papel del profesor o facilitador en ella, pero sí que me gustaría señalar un aspecto o característica fundamental, la cual, creo, está totalmente ausente en la práctica que realiza Oscar Brenifier, o al menos en la que yo viví y en las que me han narrado. Me refiero a la idea de construir la Comunidad de Investigación como un lugar seguro, un espacio, no sólo físico, sino intelectual y afectivamente seguro, un lugar donde poder compartir ideas, emociones, sentimientos y valores. Un lugar de encuentro en el cual disfrutar y poder crecer, en donde sentirte seguro para decirlo que piensas y sientes, donde compartir un proceso de investigación y de autoexploración de tus propias ideas y de las ideas de los demás. Un lugar donde no te sientes atacado ni se vulnera tu integridad, no ya física, por supuesto, pero sí una más básica y fundamental, tu integridad intelectual y emocional. Y creo que no es un planteamiento ingenuo ni tampoco sensiblero. Pienso que no se puede separar lo intelectual de lo afectivo y emocional y que si descuidamos ese cuidado por el otro, por sus ideas y sentimientos, difícilmente podremos trabajar con rigor dentro de los planteamientos de Filosofía para Niños y poder ir desarrollando esa idea tan genuina como es la del desarrollo del pensamiento complejo. Y de esto ya nos ha hablado Ann M. Sharp muchas veces y seguirá haciéndolo y sobre esto tuvimos la oportunidad de escucharla reflexionar en el Escorial. Y, sinceramente, no creo que esta dimensión del llamado pensamiento cuidante o cuidadoso este muy cuidada en el enfoque que presenta Oscar Brenifier. De ahí que creo que puede ser un grave error confundir propuestas que defiendan trabajar la filosofía con niños con el proyecto de Filosofía para Niños. Obviamente, hay que conocerlas y, en la medida de lo posible, enriquecernos mutuamente, pero sin perder de vista que no todas tienen a su base la misma filosofía, el mismo sentido vital y filosófico del aprendizaje y de la construcción y desarrollo de la persona. En este sentido creo que puede ser muy útil, tal y como comenta Walter O. Kohan, abrirnos a otras propuestas para poder confrontarnos y tener que replantearnos qué es lo que queremos hacer y cómo queremos hacerlo. Por ello quisiera terminar esta breve reflexión agradeciendo a todas las personas que han participado en este encuentro y sin las cuales, sin su esfuerzo, su energía y su buena voluntad, no hubiera sido posible una experiencia tan gratificante. Si hay algo indudable es que todavía hay mucha ilusión y muchas ganas de trabajar y que, desde distintas posiciones y o diferentes planteamientos, todos y todas compartimos la misma utopía real: que merece la pena esforzarse para continuar aprendiendo a pensar y compartir con los demás ese aprendizaje, ese descubrir nuevos caminos o recorrer sendas ya transitadas, pero abiertos a nuevos detalles, a nuevas visiones.

 

 
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Filosofía para niños : proyecto educativo que busca formar personas críticas y creativas capaces de construir una sociedad democrática.