El programa
de Filosofía para Niños
llegó a España en un momento en el que la Renovación
Pedagógica y el empeño en crear una escuela distinta
soplaban a favor. Los años que preceden a la reforma educativa
que propugnó la LOGSE coincidieron con la eclosión
de una multitud de grupos y experiencias que pretendían
replantear la educación. El ambiente de renovación
social y política no fue ajeno a este empuje que estaba
sostenido por quienes consideraban que la educación es
uno de los más importantes factores de transformación
social.
La reflexión que hizo Matthew Lipman fue
originalmente también una reflexión transformadora,
cuenta Lipman cómo el modo en el que la guerra de Vietnam
afectó a
las relaciones entre los medios de comunicación, las elites
políticas y la sociedad, le llevó a reflexionar
sobre de qué manera una sociedad educada en pautas de
obediencia y falta de reflexión corría el riesgo
de ser manipulada. Uno de los filósofos americanos más
influyentes en el pensamiento educativo que daría lugar
a Filosofía para Niños, John Dewey, ya había
postulado la necesidad que las sociedades democráticas
tenían de individuos con un fuerte sentido crítico.
La propuesta de Lipman atrajo el interés
de algunos profesores de filosofía de educación
secundaria, quienes acogieron al profesor norteamericano en un
Congreso celebrado a mediados de los años 80 por la Sociedad
Española de Profesores de Filosofía de Instituto
(SEPFI). El interés por el proyecto de Filosofía
para Niños llevó a alguno de aquellos profesores
a la Universidad de Montclair, donde ejerce su magisterio Mathew
Lipman y donde tiene su sede el ICPIC, el instituto creado para
la investigación, desarrollo y formación del programa
de Filosofía para Niños.
Ann Sharp, otra de las figuras más relevantes
del programa, autora y coautora de alguno de los títulos
más importantes del programa, visitó desde 1988
a 1993 España, impartiendo gratuitamente los cursos de
formación en Filosofía para Niños, de los
que saldrían buena parte de las personas que han estado
vinculadas al programa desde entonces.
Hasta 1992 Filosofía para Niños
fue una sección de la SEPFI, donde se daban cita los profesores
interesados en el programa. En ese año se funda el Centro
de Filosofía para Niños que comienza su labor de
profundización y divulgación del programa, una
labor en la que no ha estado solo, pues fueron formándose
asociaciones de Filosofía para Niños en otras Comunidades
Autónomas, reuniendo a los profesores de diferentes niveles
educativos interesados en el proyecto.
Desde entonces han sido numerosos los encuentros
que con carácter anual o bianual se han celebrado a propósito
del programa. Encuentros, cursos e investigaciones que han sido
vivero de nuevos profesionales volcados en la Filosofía
para Niños, cuya actividad puede seguirse en la revista
Aprender a Pensar, editada por las asociaciones de Filosofía
para Niños españolas, así como en una bibliografía
abundante.
Pero la historia de la asociación no es
tanto una historia colectiva como la suma de historias individuales,
como la suma de esfuerzos, personalidades y sensibilidades diferentes
sobre de qué modo construir una sociedad más reflexiva
a través de la educación, aprovechando la valiosa
herramienta que Lipman y su equipo empezaron hace ya más
de treinta años a fraguar.
David Seiz |