Sin engreimiento, me sumerjo
sin escafandra, en el intento de reseñar este libro “Pregunto,
dialogo y aprendo” de
Félix García Moriyón.
Ante mi primera reacción de incredulidad por la petición,
sobrevino enseguida, aunque sin público visible al otro
lado, el pánico escénico; posiblemente aterrado,
le dije que si al conductor de esta revista. Craso error, grave
ignorancia fruto de una mente ofuscada y paralizada
que no supo decir que no a un persuasivo amigo,… me
decía durante algún tiempo; Esta vacilación
duró hasta que la relectura de su libro, fruto de esa
petición, me fue seduciendo como un enamorado que ya no
tiene vergüenza a expresar lo que siente, y me conquistó.
No obstante, mi respeto por su persona, tamizará sin disyuntiva
posible, las pretensiones sin-vergüenzas que intento acometer.
Conocí a Félix
hace algunos años, en Logroño, lejos, muy lejos, distante
e inalcanzable, reconocido por todos y siempre en el candelero,
era mi primer congreso de Filosofía para niños
y niñas. Cuando tuve oportunidad acudía a reuniones,
encuentros y seminarios, con la misma esperanza que aquellos
pipiolos concurrían a las tertulias literarias y filosóficas
de otras épocas, con la perspectiva de escuchar, dialogar,
preguntar y aprender de él y de otros como él.
No me defraudaron y no
me defraudó, y paulatinamente ese señor lejano
y distante, se bajó al mundo, se convirtió en hombre,
en persona cercana, respetuosa, tolerante, abierta, flexible
a las ideas de los demás. Conviví con esa persona
inteligente, estructurada, argumentativa, con una base intelectual
sólida, pero con una mirada abierta a la curiosidad de
la vida.
Me fui encontrando con
un gran conversador, disponible, intenso, con un
intérprete
lúcido de la realidad, que desentraña sin pudor
desde la libertad y humanidad y sabe encontrar dónde otros
no sabemos ni buscar.
Y que casualidad, en la
lectura de su libro, volví a encontrarlo, encontré al
profesional lúcido, serio, estructurado, argumentativo,
pedagógico y con gran talento técnico; y a la persona
que trasmite desde la tolerancia, el diálogo, la libertad
, la sencillez, sin excesivos alardes literarios toda una manera
de pensar y estar en el mundo. Es profesor de filosofía,
profesor de instituto y eso imprime carácter y ante el
currículo se posiciona, lo hace desde el saber y la experiencia.
No se limita a expresar como algún otro: ¡No me
da tiempo a “dar” el programa! ¡Solo puedo “prepararles” para
la selectividad! ¡A los chavales ya no les interesa la
filosofía! ¡Desde el ministerio se le da más
importancia a la técnica!,…, y nos expone todo
un tratado pedagógico, filosófico, sociológico
y político de cómo hacer
filosofía en el
aula.
Sería imposible,
al menos difícil, resumir todo el ingente desparrame de
ideas y conceptos que aúna la obra, parte del análisis
de la educación y sus fundamentos, aborda el sentido histórico
del papel de la educación y como ha sido rentabilizada para
la perpetuación de un determinado statu quo. Contribuir
a un aprendizaje dialógico es
la mayor inversión humana, capital y necesaria para hacer
humanamente rentable un futuro social con mayor dignidad. Una sociedad
sin esa capacidad está potencialmente subyugada y mantenida
en el subdesarrollo. La escuela y el instituto, desde la libertad
deben alentar ese aprendizaje, no olvidando la aportación
crucial del proceso de educación formal en la configuración
de las sociedades Félix desde este “para que” de
ese aprendizaje dialógico, nos
plantea “desde dónde” partiría ese proceso
de enseñanza-aprendizaje, a partir de supuestos filosóficos,
aunando los principios democráticos, libertad, igualdad
y fraternidad, sin dejar de lado lo aprendido de las experiencias
de desigualdad social en el fracaso escolar, (o como los llamo
yo, fracasos de la escuela). La definición de aprendizaje
nos llevaría a construir un modelo de aprendizaje, por ello
es importante concretar “qué” aprender. Sería
el proceso de contraste y
mejora de las teorías personales que guían
nuestra vida, una teoría que alienta nuestra acción. Este
aprendizaje va siempre de fuera hacia adentro, “conócete a ti mismo”.
Este aprendizaje en el niño debe partir de los centros de
interés del niño y no de las instituciones, adultos
o profesor; debe ser un aprendizaje significativo (no memorístico)
y relevante (Bernstein). Y a la hora
de aprender contenidos aprendizaje por descubrimiento.
En el modelo de aprendizaje
se posiciona eclécticamente con Claxton aunando
condicionamientos (Paulov), imitación y procesos
cognitivos (Piaget y Vigostky)
en el aprendizaje. Así define aprendizaje como un cambio relativamente
estable en la conducta o en el potencial de conducta. Uno aprende desde el
refuerzo positivo (condicionamiento instrumental), nunca del negativo o castigo
ya que acaban con la motivación del logro, sin olvidar que las acciones
tienen consecuencias, aprende también desde la observación (aprendizaje
vicario) y desde la motivación. Sobre el “quién”,
reflexiona con detalle sobre lo que constituye profesional y socialmente la
condición docente desde, sobretodo, la perspectiva profesional de la
carrera docente como personas
enseñantes
determinada por alumnos que aprenden. El docente sería como el jardinero que ayuda
a crecer a la planta, siguiendo esta su propio camino, siendo
la planta, el alumno, la protagonista de su propio aprendizaje.
La educación es un acontecimiento ético, el objetivo
del docente es que el alumno defina y clarifique cual es su propia
existencia, por ello desde la deontología o ética
profesional no se puede olvidar que los
alumnos son un grupo de
personas únicas e irrepetibles con
las que establezco en cada momento una relación igualmente única
e irrepetible que exige atención,
cuidado y responsabilidad.
Sobre el “cómo” enseñar,
Félix nos traslada toda su experiencia docente a través de los
pormenores del currículo, unidades didácticas y evaluación,
tamizadas en gran parte relacionando el currículo oficial, la necesidad
de evaluar, el currículo oculto y la manera de hacer desde filosofía
para niños. Enseñar a filosofar, a pensar frente a enseñar
filosofía, se convierte en el objetivo principal. Así contextualiza
la filosofía ante
adscripciones reduccionistas (teología, científicas,
análisis del lenguaje o incluso ideológicas o políticas)
y nos lleva a lo que debería de ser la practica o actividad filosófica,
desde el dialogo, crítico, cuidadoso, riguroso y serio, la apertura
mental y la ampliación de los horizontes reflexivos. Es este “cómo” se
imparte la asignatura de cara a la adquisición de destrezas cognitivas
generadas por la actividad filosófica, Félix lo considera lo
esencial y crucial, el tronco donde se asienta todo el libro, lo demás
es coyuntural a la historia o el momento social o político que nos toque
vivir.
Conviene leer con mas
detalle este “como” abordar esta actividad filosófica, que
partiendo siempre de la curiosidad y el asombro, nos traslada a la investigación
mediante el dialogo o discusión filosófica en comunidad.
En los últimos
capítulos emerge más claramente el profesor de instituto abordando
y concretando de nuevo el “como” de dos asignaturas incluidas en
el currículo escolar español, la historia de la filosofía
y la ética. Y como siempre nos lleva mas lejos de los contenidos mas
o menos pertinentes, nos sitúa en la necesidad de contribuir a través
de la asignaturas al desarrollo de la capacidad de reflexión radical
de los problemas básicos del sentido de la existencia humana y del saber
y al mismo tiempo toma de conciencia desde un aprendizaje significativo de
la genealogía histórica haciendo eco de las ideas que han pre-configurado
nuestra propia visión el mundo. También nos sitúa en el
apriorismo disyuntivo “educación en valores versus educación
moral”, decantándose por la formación del juicio moral
en los alumnos desde el reconocimiento y asunción o rechazo los valores
que rigen la cotidianeidad, hasta el desarrollo de la capacidad de hacer lo
correcto.
Ante la necesidad social
de calificación, Félix propone la disertación como instrumento
esencial para poner a prueba la capacidad que tiene una persona para exponer
con claridad, rigor y precisión sus propios puntos de vista y el comentario
de texto como instrumento para verificar al capacidad del alumno de situarse
en el tercer nivel de lectura, en el que el texto se nos presenta como un interlocutor
con el que dialogamos, plantea interrogantes y a veces nos aclara dudas., nos
ayuda a la búsqueda de sentido. Nos invita al diario filosófico,
como otro instrumento de evaluación menos académico, pero no
por ello menos importante, donde el alumno amasa lo que es su proceso de aprendizaje.
Como no, termina con una
somera presentación del programa de Lipman y de la filosofía practica y las posibles nuevas
tecnologías que se pueden integrar en la praxis de la filosofía.
Así el libro es todo un compendio teórico – práctico
que creo deben tener en cuenta los profesores de filosofía en la praxis
en el aula. |