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Curso "Preguntar, dialogar, comprender. Estrategias para la estimulación de la inteligencia afectiva y cognitiva"

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BIBLIOGRAFÍA  
Reseña por Luís Alberto Prieto Barbero
GARCÍA MORIYÓN, FÉLIX
Pregunto, dialogo, aprendo. Cómo hacer filosofía en el aula.
Ediciones de la Torre, Madrid, 2007

…no mirar a otro lado ante la mirada del alumno


Sin engreimiento, me sumerjo sin escafandra, en el intento de reseñar este libro “Pregunto, dialogo y aprendo” de Félix García Moriyón. Ante mi primera reacción de incredulidad por la petición, sobrevino enseguida, aunque sin público visible al otro lado, el pánico escénico; posiblemente aterrado, le dije que si al conductor de esta revista. Craso error, grave ignorancia fruto de una mente ofuscada y paralizada que no supo decir que no a un persuasivo amigo,… me decía durante algún tiempo; Esta vacilación duró hasta que la relectura de su libro, fruto de esa petición, me fue seduciendo como un enamorado que ya no tiene vergüenza a expresar lo que siente, y me conquistó. No obstante, mi respeto por su persona, tamizará sin disyuntiva posible, las pretensiones sin-vergüenzas que intento acometer.

Conocí a Félix hace algunos años, en Logroño, lejos, muy lejos, distante e inalcanzable, reconocido por todos y siempre en el candelero, era mi primer congreso de Filosofía para niños y niñas. Cuando tuve oportunidad acudía a reuniones, encuentros y seminarios, con la misma esperanza que aquellos pipiolos concurrían a las tertulias literarias y filosóficas de otras épocas, con la perspectiva de escuchar, dialogar, preguntar y aprender de él y de otros como él.

No me defraudaron y no me defraudó, y paulatinamente ese señor lejano y distante, se bajó al mundo, se convirtió en hombre, en persona cercana, respetuosa, tolerante, abierta, flexible a las ideas de los demás. Conviví con esa persona inteligente, estructurada, argumentativa, con una base intelectual sólida, pero con una mirada abierta a la curiosidad de la vida.

Me fui encontrando con un gran conversador, disponible, intenso, con un intérprete lúcido de la realidad, que desentraña sin pudor desde la libertad y humanidad y sabe encontrar dónde otros no sabemos ni buscar.

Y que casualidad, en la lectura de su libro, volví a encontrarlo, encontré al profesional lúcido, serio, estructurado, argumentativo, pedagógico y con gran talento técnico; y a la persona que trasmite desde la tolerancia, el diálogo, la libertad , la sencillez, sin excesivos alardes literarios toda una manera de pensar y estar en el mundo. Es profesor de filosofía, profesor de instituto y eso imprime carácter y ante el currículo se posiciona, lo hace desde el saber y la experiencia. No se limita a expresar como algún otro: ¡No me da tiempo a “dar” el programa! ¡Solo puedo “prepararles” para la selectividad! ¡A los chavales ya no les interesa la filosofía! ¡Desde el ministerio se le da más importancia a la técnica!,…, y nos expone todo un tratado pedagógico, filosófico, sociológico y político de cómo hacer filosofía en el aula.

Sería imposible, al menos difícil, resumir todo el ingente desparrame de ideas y conceptos que aúna la obra, parte del análisis de la educación y sus fundamentos, aborda el sentido histórico del papel de la educación y como ha sido rentabilizada para la perpetuación de un determinado statu quo. Contribuir a un aprendizaje dialógico es la mayor inversión humana, capital y necesaria para hacer humanamente rentable un futuro social con mayor dignidad. Una sociedad sin esa capacidad está potencialmente subyugada y mantenida en el subdesarrollo. La escuela y el instituto, desde la libertad deben alentar ese aprendizaje, no olvidando la aportación crucial del proceso de educación formal en la configuración de las sociedades Félix desde este “para que” de ese aprendizaje dialógico, nos plantea “desde dónde” partiría ese proceso de enseñanza-aprendizaje, a partir de supuestos filosóficos, aunando los principios democráticos, libertad, igualdad y fraternidad, sin dejar de lado lo aprendido de las experiencias de desigualdad social en el fracaso escolar, (o como los llamo yo, fracasos de la escuela). La definición de aprendizaje nos llevaría a construir un modelo de aprendizaje, por ello es importante concretar “qué” aprender. Sería el proceso de contraste y mejora de las teorías personales que guían nuestra vida, una teoría que alienta nuestra acción. Este aprendizaje va siempre de fuera hacia adentro, “conócete a ti mismo”. Este aprendizaje en el niño debe partir de los centros de interés del niño y no de las instituciones, adultos o profesor; debe ser un aprendizaje significativo (no memorístico) y relevante (Bernstein). Y a la hora de aprender contenidos aprendizaje por descubrimiento.

En el modelo de aprendizaje se posiciona eclécticamente con Claxton aunando condicionamientos (Paulov), imitación y procesos cognitivos (Piaget y Vigostky) en el aprendizaje. Así define aprendizaje como un cambio relativamente estable en la conducta o en el potencial de conducta. Uno aprende desde el refuerzo positivo (condicionamiento instrumental), nunca del negativo o castigo ya que acaban con la motivación del logro, sin olvidar que las acciones tienen consecuencias, aprende también desde la observación (aprendizaje vicario) y desde la motivación. Sobre el “quién”, reflexiona con detalle sobre lo que constituye profesional y socialmente la condición docente desde, sobretodo, la perspectiva profesional de la carrera docente como personas

enseñantes determinada por alumnos que aprenden. El docente sería como el jardinero que ayuda a crecer a la planta, siguiendo esta su propio camino, siendo la planta, el alumno, la protagonista de su propio aprendizaje. La educación es un acontecimiento ético, el objetivo del docente es que el alumno defina y clarifique cual es su propia existencia, por ello desde la deontología o ética profesional no se puede olvidar que los alumnos son un grupo de personas únicas e irrepetibles con las que establezco en cada momento una relación igualmente única e irrepetible que exige atención, cuidado y responsabilidad.

Sobre el “cómo” enseñar, Félix nos traslada toda su experiencia docente a través de los pormenores del currículo, unidades didácticas y evaluación, tamizadas en gran parte relacionando el currículo oficial, la necesidad de evaluar, el currículo oculto y la manera de hacer desde filosofía para niños. Enseñar a filosofar, a pensar frente a enseñar filosofía, se convierte en el objetivo principal. Así contextualiza la filosofía ante adscripciones reduccionistas (teología, científicas, análisis del lenguaje o incluso ideológicas o políticas) y nos lleva a lo que debería de ser la practica o actividad filosófica, desde el dialogo, crítico, cuidadoso, riguroso y serio, la apertura mental y la ampliación de los horizontes reflexivos. Es este “cómo” se imparte la asignatura de cara a la adquisición de destrezas cognitivas generadas por la actividad filosófica, Félix lo considera lo esencial y crucial, el tronco donde se asienta todo el libro, lo demás es coyuntural a la historia o el momento social o político que nos toque vivir.

Conviene leer con mas detalle este “como” abordar esta actividad filosófica, que partiendo siempre de la curiosidad y el asombro, nos traslada a la investigación mediante el dialogo o discusión filosófica en comunidad.

En los últimos capítulos emerge más claramente el profesor de instituto abordando y concretando de nuevo el “como” de dos asignaturas incluidas en el currículo escolar español, la historia de la filosofía y la ética. Y como siempre nos lleva mas lejos de los contenidos mas o menos pertinentes, nos sitúa en la necesidad de contribuir a través de la asignaturas al desarrollo de la capacidad de reflexión radical de los problemas básicos del sentido de la existencia humana y del saber y al mismo tiempo toma de conciencia desde un aprendizaje significativo de la genealogía histórica haciendo eco de las ideas que han pre-configurado nuestra propia visión el mundo. También nos sitúa en el apriorismo disyuntivo “educación en valores versus educación moral”, decantándose por la formación del juicio moral en los alumnos desde el reconocimiento y asunción o rechazo los valores que rigen la cotidianeidad, hasta el desarrollo de la capacidad de hacer lo correcto.

Ante la necesidad social de calificación, Félix propone la disertación como instrumento esencial para poner a prueba la capacidad que tiene una persona para exponer con claridad, rigor y precisión sus propios puntos de vista y el comentario de texto como instrumento para verificar al capacidad del alumno de situarse en el tercer nivel de lectura, en el que el texto se nos presenta como un interlocutor con el que dialogamos, plantea interrogantes y a veces nos aclara dudas., nos ayuda a la búsqueda de sentido. Nos invita al diario filosófico, como otro instrumento de evaluación menos académico, pero no por ello menos importante, donde el alumno amasa lo que es su proceso de aprendizaje.

Como no, termina con una somera presentación del programa de Lipman y de la filosofía practica y las posibles nuevas tecnologías que se pueden integrar en la praxis de la filosofía. Así el libro es todo un compendio teórico – práctico que creo deben tener en cuenta los profesores de filosofía en la praxis en el aula.

 
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